miércoles, 22 de mayo de 2013

En invierno.

Au milieu de l’hiver, j’ai découvert en moi un invincible été. 

“En la profundidad del invierno descubrí que había en mí un verano invencible.

miércoles, 8 de mayo de 2013

-¿Y tu papá dónde está?
-¿Él país?
-Sí, dónde vive.
-En Sonora, con mis abuelos.
-Oye, corazón ¿Y por qué me dibujaste a la virgencita y a Jesús?
-Por que ellos no se van.


What goes around comes around

sábado, 4 de mayo de 2013

Inyección

-¡Ey!
-Perdona...
-Ah... siento ser una fisgona. ¡Valla! Es increíble... pero parece la muerte del romanticismo desarrollada delante de tus ojos ¿Verdad? 
-¿Ella no tiene novio?
-Sí. ¡Eso es lo que estoy diciendo! Qué ha sido del romanticismo. Largas cartas de amor lo más cursis posibles. Aunque no tienes que escucharme si no quieres, de verdad. Pero ¿sabes del chico del que hablan? Están equivocados. Personalmente él decía lo que sentía y lo respeto, aunque estuviera equivocado. ¿Sabes lo que era en realidad?
-¿Qué?
-Una inyección de vida.



miércoles, 1 de mayo de 2013

Su risa



Bonito *.*

Contigo.

Y la frase vino a borbotones, sin que pudiera controlarme: "Prometo que seré bueno, que no pelearé más, que no diré más palabrotas, ni siquiera traste voy a decir. . . Pero quiero quedarme siempre contigo"...


-Mi planta naranja-lima


Ni aquí ni allá, entonces ¿dónde?

Sal con una chica que lea.


Sal con una chica que lea. Sal con una chica que se gaste el dinero en libros en vez de en ropa. Que tenga problemas de espacio en el armario porque tiene demasiados libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros que quiere leer y carné de la biblioteca desde los doce años.

Encuentra una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre llevará un libro a medias de leer en el bolso. Será la que mire con amor las estanterías de la librería, la que llora silenciosamente cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves la chica rara que huele las páginas de los libros viejos en una librería de segunda mano? Esa es la lectora. Nunca se pueden resistir a oler las páginas, especialmente si están amarillentas.

Es la chica que lee mientras está esperando en la cafetería del final de la calle. Si echas un vistazo a su taza, verás que la crema del café está flotando en la superficie porque ya está absorta. Perdida en un mundo que el autor ha creado. Siéntate. Probablemente te mire fugazmente, como la mayoría de las chicas que leen no le gusta ser interrumpida. Pregúntale si le gusta el libro.

Invítala a otra taza de café.

Hazle saber que lo que piensas de Murakami. Comprueba si ha pasado del primer capítulo de La Comunidad del Anillo. Entiende que si te dice que entendió el Ulysses de James Joyce sólo te lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si le gusta Alice o si le gustaría ser Alice.

Es sencillo salir con una chica que lea. Regálale libros por su cumpleaños, por Navidad y por los aniversarios. Dale el regalo de las palabras, en poesía, en canciones. Regálale a Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Entiende que ella conoce la diferencia entre los libros y la realidad, pero por dios que va a intentar hacer su vida un poco como su libro favorito. Nunca será tu culpa si lo hace.

De alguna manera tiene que intentarlo.

Miéntele. Si entiende la sintaxis, entenderá que necesitas mentir. Tras las palabras hay otras cosas: motivaciones, valores, matices, diálogos. No va a ser el fin del mundo.

Fállale. Porque una chica que lee libros sabe que el fracaso siempre lleva hasta el clímax. Porque ellas entienden que todas esas cosas tendrán un final. Y que siempre puedes escribir una secuela. Y que puedes empezar otra vez, y otra y seguir siendo el héroe. Que la vida está destinada a tener un villano o dos.

¿Por qué estar asustado de todo lo que no eres? Las chicas que leen entienden que esa gente, como los personajes, evolucionan. Excepto en la saga Crepúsculo.

Si encuentras una chica que lea, mantenla cerca. Cuando la encuentres a las 2 de la mañana sosteniendo un libro contra su pecho y llorando, hazle una taza de té y abrázala. Puedes perderla por unas cuantas horas, pero siempre volverá a ti. Hablará como si los personajes del libro fuesen reales, porque durante un rato, siempre lo son.

Te declararás en un globo aerostático. O durante un concierto de rock. O casualmente la próxima vez que esté enferma. Por Skype.

Sonreirás con tantas ganas que te preguntarás por qué tu corazón no ha explotado y la sangre no está corriendo ya por tu pecho . Escribirás la historia de vuestra vidas, tendréis hijos con nombres extraños y gustos aún más extraños. Les presentará a vuestros niños al Gato Garabato y a Aslan, quizá el mismo día. Pasaréis los inviernos de vuestra vejez juntos y ella recitará a Keats en voz baja mientras te sacudes la nieve de las botas.


Sal con una chica que lea porque te lo mereces. Te mereces una chica que pueda darte la vida más colorida imaginable. Si sólo puedes darle monotonía y horas aburridas y compromisos a medias, entonces estás mejor solo. Si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, sal con una chica que lea.

O mejor aún, sal con una chica que escriba.

 

Por Rosemary Urquico




jueves, 25 de abril de 2013

No fue por amor

Y no sé por qué me retuerzo entre tanta tristeza sólo de pensar que has sufrido más que yo, y que si nuestros ojos se conectaban no era por amor, era porque ambos habían sido dañados profundamente.


miércoles, 20 de febrero de 2013

Tú.

Me hubiera gustado que fueras tú, 
la persona que sonriera conmigo. 
Me hubiera gustado que fueras tú, 
la persona que caminara a mi lado. 
Me hubiera gustado que fueras tú, 
la última noche.

domingo, 17 de febrero de 2013

Tres niños.

Había una vez tres niños pequeños que vivían sus padres, estos se pasan la mayor parte del tiempo discutiendo y peleando. No prestaban atención a sus hijos, no cumplían sus más mínimos e insignificantes deseos y solían regañarles por cualquier cosa. Esos niños se volvieron muy unidos, más que otros hermanos en el mundo, y jamás se separaron. Eran ellos, y sólo ellos. Se apoyaban el uno al otro, se protegían y se amaban con todo el corazón. Esos niños siempre fueron felices, aferrándose el uno al otro; tomados de la mano, fueron siempre invencibles.

jueves, 7 de febrero de 2013

Lachicademanosfrias.

En ocasiones me doy miedo. 
Siempre quise ser especial, sinceramente siempre he creído que lo soy aunque quien sabe, y últimamente me lo estoy creyendo más por la forma en que me mira la gente, aunque lo más seguro que sea yo quien ha cambiado. 
Siempre he sido solitaria en todo; para hablar, para pasar el rato, para leer, para dibujar, para tomar fotos, para caminar, para ir de compras, para teñirme el cabello. 
Nunca he aprendido a confiar en las personas. A veces sí, pero siento que nunca ha sido suficiente. 
Me gusta hacer las cosas por mi misma. No necesito (o no quiero necesitar) de nadie; sí debo hacer algo lo hago y aunque a veces quiero que alguien me acompañe, aprendí (malamente) a hacer todo sin necesitar a nadie. 
      He escuchado que dicen que uno siempre va a necesitar de  las personas; es cierto, pero yo creo uno nunca va a necesitar siempre de la misma persona. 
La gente se encariña demasiado rápido, yo soy difícil de apegarme demasiado a alguien. Sé que lo hago para no sufrir, porque a este punto y de esta manera ya no siento nada, estoy "acostumbrada" a ir por la vida así y sonrío.
 No le temo a mi soledad, estoy enamorada de ella. 
No le temo a estar sin alguien. 
He dejado pasar tantas buenas personas, pero siendo sincera... ni siquiera me interesa. No me importa y aunque me buscan y me digan "te extraño demasiado, deberíamos vernos"  a mí no me interesa. No, creo vínculos como ellos. No porque me junte con alguien todo el día significa que seremos los mejores amigos para toda la vida. NO. Yo no soy así. No puedo, y juro por mi vida que lo he intentado. 

                             Ellos dicen que son siento nada, que mi corazón es frío, tan frío como un piedra en invierno. 

Insignificante.

Ayer mientras salía del Super vi un auto azul de dos puertas, mi madre iba conmigo en ese momento y sin saber por qué le comenté:
-Mira ese auto, tenía un amigo que su carro era igual a ese...
-¿Qué amigo? -preguntó ella y entonces me di cuenta que ahí estaba de nuevo recordándole en momentos insignificantes, con cosas insignificantes., cuando se supone que ya debería haber olvidado.