sábado, 1 de octubre de 2011

Bendita estúpida

Ayer se me ocurrió ver tu perfil, y la noticia me azotó como un látigo de hierro directo en el corazón, despedazándolo fríamente y sin compasión. Fue una extraña combinación entre sorpresa y dolor, no sabría cómo definirlo exactamente pero fue intenso, demasiado que hasta la respiración se me cortó de golpe.
Las imágenes llegaron a mi mente una tras otras azotándome cada una con su propia arma, eran aquellos momentos simples e insignificantes que pasé a tu lado. Mi corazón quedó destrozado al darme cuenta de lo que sucedía, al visualizar y comprender lo que había leído. Te fuiste, te fuiste sin despedirte de mí y no es eso lo que más me duele, sino más bien el hecho de saberte lejos, o mejor dicho, el no saber nada de ti; el estar tan distante, el darme cuenta que no te importo y que nunca te importé. El darme cuenta que me has olvidado inevitablemente y el saber que no he sido más que una bendita estúpida que no ha dejado de pensar en ti, en tu PUTA sonrisa, en esos ojos profundos que me engañaron y en tu forma de hablar que no deja de resonar en mi mente.
Mi corazón ya puede llorar, ha recibido tanto dolor que me he vuelto una real sombra, ni el sol me alumbra ni la luna me da destellos de felicidad como lo hizo tantas veces tu simple mirada, tu simple y patético saludo. El dolor se ha quedado atrapado en mi garganta y mis ojos se llenan de lágrimas que no pueden salir, ya no puedo llorar aunque muero por hacerlo. El dolor está tan impregnando en mí que ya no puede salir.
Pero a pesar de todo esto y de mucho más, eso que se encuentra dentro de mí y que no puedo definir con palabras doy gracias por haberte conocido porque eres una persona increíble. Porque tu sonrisa me hace sonreír en la más inmensa tristeza, porque tu luz me alumbra las noches negras e interminables, porque tu recuerdo siempre me hará bien paradójicamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario