Ese momento. Sonríes como idiota, el mundo a tu alrededor desaparece y nada importa, nada sólo ese momento. Tus manos sudan, tus piernas tiemblan y sientes que te vas a desvanecer. Tu mente no puede pensar en otra cosa, tus ojos no pueden apartar la mirada y te criticas cada uno de los gestos que le dedicas. Lo sé porque siempre lo hice.
Buscas en sus palabras las respuestas a todas aquellas preguntas que llegan a tu cabeza, interpretas todo lo que dice tratando de descubrir un mensaje paralelo igual al que tu le envías. Y continuas sonriendo, continuas analizándote y analizándolo, porque esperas que él lo diga, y cuando el contacto de la despedida llega te elevas al cielo y más allá y esperas que diga que quiere volver a verte. Lo extrañas, lo extrañas cuando se da la vuelta, cuando sus ojos ya no te miran, cuando sus sonrisas ya no son para ti. Y no puedes hacer nada, nada más que guardar todo eso en tu corazón esperando que un día, uno no muy lejado, ocurra un maravilloso milagro.
me llegó lo que pusiste, hermoso en la estética de la escritura, ya sabes, amo tu manera de escribir, pero aggh! es tan cierto!
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