Un Señorsote, eso es usted. Los mejores regalos
que recibo de usted es su sonrisa cómplice y ese apretón de manos que hace que
me retuerza. No lo recuerdo de otro modo, desde siempre ha sido así, aunque
creo que los años lo han mejorado de una manera increíble. Lo admiro, aunque no
lo sepa, porque aún con noventa y cinco años sobre sus hombros sigue caminando
erguido y su sonrisa es tan limpia como la de un niño de cinco años. Y ahora,
desde aquí, solo puedo pensar en quiero seguir recibiendo su apretón de manos
por mucho más tiempo y seguir siendo reconfortada por esa divertida sonrisa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario