jueves, 5 de julio de 2012

Nadie.

Es tan fácil tener a quién amar, a quien dedicarle las sonrisas, a quién dedicarle una tarde de veranom una noche alocada; tener a alguien a quien dedicarle las lagrimas, los enojos, las quejas, las desilusiones. Es como volar y flotar sobre las nubes y aunque suele ser maravilloso a veces la gente sufre, a veces sufrimos por estar amando a alguien. Probablemente esa persona no ha visto -no hemos visto- el otro lado de esa moneda: el no tener a nadie a quien amar. Es casi tan doloroso como amar sólo que yo lo multiplicaría por mil. Porque no tener a quien amar es tan desgarrador, tan desgastante. Tus lagrimas de repente ya no están, de repente no te sientes ni triste ni feliz, vez la vida de manera diferente, incluso me atrevería a decir que un tanto vacía. Es como si, de algún modo, tu existencia no tuviese sentido. Y aunque sabes que la vida no se limita solamente al amor de pareja eso no impide que te sientas de esa manera. 
Tomas tu almohada, la observas y descubres que está limpia, que ya no se ha manchado por las lágrimas nocturnas, hace tanto que no lloras por alguien. Atraes a tu mente cosas pasadas, problemas, situaciones, cosas que alguna vez te causaron daño pero ni así tus ojos se rinden ante el deseo de llorar, no pueden hacerlo. No hay motivo suficiente ahora que los haga sensibilizarse, no hay nadie por quien hacerlo. 

1 comentario:

  1. ¡Joder! has descrito perfectamente como estaba yo hace unas semanas, tú sabes, sin tener a alguien a quien "amar" o que me diera la ilusión de ello. Es simplemente lo que yo sentía y pensaba, estaba como en un punto medio, como en medio del desierto perdida, y volteaba para un lado y no veía nada, volteaba para el otro y la cosa estaba igual... Algo así.

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