-Una chica no debería andar por ahí distraída porque... –su rostro, sus
labios su voz se colaron entre el espacio para llegar al odio de ella. Su voz traspasó
sus sentidos, paralizó cada una de las partes que forman su cuerpo. Un escalofrío
inminente le recorrió de pies a cabeza, dejándola con la mente completamente en
blanco por unos segundos.
-Ahh… –Soltó todo el aire que sus pulmones retuvieron por una milésima
de segundo, detuvo su andar y giró en si misma por la impresión de que él
hubiera aparecido así de la nada. La risa encantadora de la persona que propicio
todo esto se hizo presente al instante. – ¡Me asustaste tonto! –Exclamó ella
casi temblando, casi sin respiración, pero no del susto, pero no del miedo, si
no de la sensación tan placentera que su voz le provocó.
-No te asustes –Su voz sonriente atraía los sentidos de la chica que
aun iba con esa sensación recorriéndole el cuerpo.
-¿Por qué siempre me asustas? ¡Siempre me asustas! No es justo.–Se
quejó con voz de niña pequeña y clavo sus obscuros ojos en los brillantes e
impredecibles ojos claros que tenia enfrente.
-Eso pasa por ser tan distraída –Ella comenzó a retomar el caminado
pausado que llevaba antes siendo acompañada ahora por esa linda persona.
-Tu cara de susto –Dijo riéndose –Tus ojos abiertos
-¡Tonto! –Se quejó una vez más con voz alborotada y riéndose de si
misma.

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